«La playa de los ahogados» (2009), de Domingo Villar

«En estos pueblos el mar lo da y lo quita todo».

La playa de los ahogagos
Domingo Villar

Portada de "La playa de los ahogados", de Domingo Villar

El inspector Leo Caldas investiga la muerte de Justo Castelo, un marinero que ha aparecido ahogado. Parece un suicidio, pero algo no encaja como Caldas va a descubrir rápido. Pronto saldrá a la superficie la relación de la muerte de este marinero con un trágico naufragio ocurrido diez años atrás. Castelo era uno de los supervivientes de aquel naufragio en el que murió su capitán. Algunos sostienen que el fantasma del capitán rondaba al muerto.

Domingo Villar vuelve a presentar un vívido retrato de Vigo y su costa en La playa de los ahogados. La costa viguesa está sembrada de pueblos pesqueros en los que el mar es una tradición que se vive como una religión. Villar, siguiendo los pasos de su inspector Leo Caldas, nos introduce en el ambiente que se respira a primera hora en los pequeños puertos pesqueros y sus lonjas. Participamos de los ritos de la gente de mar mientras la investigación del inspector Caldas avanza con el ritmo pausado del entorno en el que se desenvuelve.

La playa de los ahogados es la segunda entrega del inspector gallego Leo Caldas. Domingo Villar conserva los rasgos básicos de Caldas y su ayudante Estévez, el impulsivo aragonés al que desquician las peculiaridades del carácter de los gallegos tanto como le fascina la belleza de su tierra. Caldas sigue llevando con fastidio su fama por colaborar en la radio, que vive como un penoso deber. Reflexivo y lacónico, es la antítesis del hombre de acción. Estévez le complementa con su temperamento irreflexivo, que le hace temer siempre lo peor a su compañero.

La novedad en esta novela es la aparición del padre de Caldas, que tiene a su hermano enfermo. Las visitas a la casa del padre, a su viñedo, al hospital, permiten conocer a Leo Caldas en un plano diferente, más cercano. Si bien, la ausencia de Alba, la que ha sido su compañera sentimental, y su silencio obstinado sobre el tema siguen haciéndole un tanto impenetrable. Esto también puede deberse a lo que le señala Estévez, harto de que no respete su horario de descanso:

«―[…] Yo no tengo la culpa de que su vida se reduzca al trabajo ―dijo―, pero tiene que comprender que no todo el mundo es como usted».

Esta falta de vida extralaboral la compensa Caldas con su afición por la buena mesa y los cordiales caldos gallegos que salen de viñedos como el de su padre. Dan ganas de pasarse por la taberna de Eligio para acompañarle unas rondas.

Por lo demás, la trama del pescador muerto navega hacia buen puerto mientras nos sumergimos en esa atmósfera marinera donde la magia pervive a pesar de los avances de la industria moderna.

«―¿Sabes que creía que ya no se utilizaba la madera en los barcos?
―¡Cómo se nota que no pescas, Calditas! Si no se usa es sólo porque necesita mantenimiento, pero es mucho más marinera. En un barco de madera estás metido en la mar, incrustado en ella. La sientes en los riñones ―explicó―. En cambio los de poliéster o fibra de vidrio resbalan sobre el agua. Son otra cosa».

El turismo es la otra amenaza sobre este mundo regido por tradiciones ancestrales. El padre de Leo Caldas es el autor de una obra especial, el libro de idiotas, en la que hace el recuento de los idiotas con los que se va cruzando en su camino. Algunos lugareños tienen una opinión muy clara sobre el desarrollo urbanístico de la costa en los últimos años que podría hacer a los responsables de este desarrollo figurar con honores en ese libro de idiotas:

«―¿Honrado?
―Todo lo que puede serlo alguien que se dedica a la construcción. Ya has visto como han dejado el pueblo y la playa en unos años. No queda rastro de las dunas, no queda rastro de nada ―se lamentó―. Si por lo menos lo hubieran hecho bien… Antes, cuando los maestros de obra construían las casas, aquí no se hacía algo feo ni a propósito. Hasta las viviendas más modestas tenían encanto. Luego no sé a quién carallo se le ocurriría eso de empezar a exigir a un arquitecto en los proyectos. Mira tú lo que han logrado. Viviendas racionalistas, las llamaban. ¿Y sabes lo que son en realidad? Una mierda, Calditas, eso es lo que son.
―Pues Panxón no es de lo peor».

En resumen, La playa de los ahogados, de Domingo Villar, ofrece una excelente oportunidad para, de la mano del inspector Caldas, disfrutar de un paseo por la costa gallega y sus misterios, poblados de naufragios y leyendas, pero de ningún monstruo tan dañino como ciertos ejemplares de la especie humana.

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9 comentarios en “«La playa de los ahogados» (2009), de Domingo Villar

  1. ¡Hola! Todo lo que mencionaste en el post me hizo pensar en una novela negra situada en España, hasta me imagine a Leo Caldas como el típico protagonista con gabardina beige y sombrero a juego. Quizás con esas características hasta tenga una adaptación a película en algún momento, ese tipo de historia nunca pasa de moda. ¡Saludos!

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  2. Hola Juan, me gustan mucho las citas que escogiste. La relación entre los detectives se ve muy divertida me gusta que haya un equilibrio entre el taciturno sin vida fuera del trabajo y el ayudante que defiende los derechos laborales, entre ellos el descanso (bien por Estévez, si le hacen caso ya es otro cantar pero la petición está) Se nota tu cariño por los thriller y libros de misterio. Y el mar es el lugar perfecto como escenario, ¿te planteaste en algún momento situar tus relatos en las aguas misteriosas? (claro que si así hubiera sido «Fuera hace frío» no tendría gatos y el malestar que va en aumento generado por el calor no estaría presente en «Una profesional ejemplar». Creo que al final me respondí yo sola XD)
    Saludos 🙂

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    • Bueno, en «Fuera hace frío» una parte transcurre junto al mar, aunque es evidente que no tiene nada de novela marinera XD
      Me gustan las novelas de suspense al estilo de Patricia Highsmith y las novelas negras con sabor clásico como es el caso de Domingo Villar. Paso de los thrillers con asesinos en serie y detectives con súper poderes.
      Gracias por comentar, Coremi. Saludos 🙂

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  3. Pingback: «La playa de los ahogados» (2009), de Domingo Villar — Sorpresa y suspense – Eder Gómez

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