“El piloto de Hiroshima: Más allá de los límites de la conciencia” (1962), de Günther Anders

Portada de El piloto de Hiroshima, de Günther Anders. Se ve el hongo atómico de la bomba que arrasó Hiroshima

Para las personas corrientes, incluso para las más honestas de entre ellas, no ser corriente es siempre un acto de traición.

El piloto de Hiroshima
Günther Anders

Claude Eatherly fue el piloto que realizó el vuelo de reconocimiento sobre Hiroshima antes del lanzamiento de la bomba atómica el 6 de agosto de 1945. Mientras que el resto de los que participaron en esta misión aceptaron con naturalidad su papel de héroes en su vuelta a casa, Eatherly acabó, años después, renegando públicamente de la guerra y solidarizándose con las víctimas. Para entonces, tras diversos delitos menores y algún intento de suicidio, ya estaba encerrado en un psiquiátrico. Mientras que sus críticos le presentan como un oportunista desequilibrado con ganas de notoriedad que utiliza a los pacifistas, el filósofo austriaco Günther Anders se erige en su abogado ante la opinión pública e inicia un intercambio epistolar con él que acabará conformando esta obra. Señala Anders:

«Normalmente, el aparato exime a todos —incluso a quienes lo dirigen y a sus propietarios— de toda responsabilidad, de modo que al final nadie asume responsabilidad alguna, y lo único que queda es la tierra carbonizada de las víctimas y la radiante buena conciencia de los necios. Cuando Eatherly se responsabiliza de aquello en lo que solo ha participado, hace justo lo contrario: intenta mantener viva la conciencia en la época en que el aparato prevalece sobre el individuo; y esto es lo que no se le consiente, pues la conciencia implica siempre crítica, y por lo tanto es siempre inconformista».

Quienes hemos nacido después del inicio de la era atómica convivimos, como un elemento más de nuestra normalidad, con la aberración que supone que el hombre tenga en su poder la capacidad de destruir su propio planeta, algo que parecía que solo podía suceder como un castigo divino antes de que el Enola Gay lanzase a su Little Boy sobre la desprevenida Hiroshima para aniquilar con su hongo venenoso a ciento cuarenta mil personas y dejar gravemente heridas a decenas de miles más con secuelas terribles para el resto de sus días. Günther Anders, como sus contemporáneos, ha visto surgir al monstruo y alerta sobre el oscuro destino que nos aguarda si no lo combatimos (esta correspondencia incluye sus Mandamientos de la era atómica, una llamada para concienciar y luchar contra la amenaza nuclear). Respecto al encierro de Eatherly en un psiquiátrico, Anders denuncia la ceguera interesada de sus médicos que, estando bajo supervisión militar, solo ven el éxito de su misión en el bombardeo de Hiroshima:

«[…] de ahí que se limiten a criticar su reacción a ese hecho, en vez de criticar el hecho mismo (o el mundo en el que un hecho así fue posible); de ahí que se vean obligados a determinar su sufrimiento y su esperanza de expiar su culpa como una «enfermedad» (classical guilt complex); de ahí, finalmente, que no puedan menos que tratar su acción como un self-imagined wrong, esto es, como un mero crimen imaginario».

La lucha de Claude Eatherly por escapar de su cautiverio para abanderar el movimiento pacifista llena de incertidumbre estas páginas, en las que Günther Anders oficia, desde la distancia, de guía espiritual del antiguo piloto en busca de un sentido que le redima de sus pesadillas, un sentido que, para toda la especie humana, pone en cuestión la sola existencia del armamento nuclear. Este armamento nos enfrenta con la posibilidad del Apocalipsis aquí y ahora, si antes no destruimos el planeta con los excesos de nuestro desbocado sistema productivo consagrado al enriquecimiento obsceno de una minoría a costa del empobrecimiento del resto, o si no nos morimos todos por algún virus de laboratorio cuya producción financian tan pródigamente bajo las sombras del secreto oficial y la supuesta seguridad de los estados los mismos gobernantes que juegan con las armas nucleares. Un cuadro que sería definitivamente desalentador de no ser por la persistencia de nuestra conciencia crítica, que nos permite alumbrar el presente para que nuestra acción nos permita tener un mañana.

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7 comentarios en ““El piloto de Hiroshima: Más allá de los límites de la conciencia” (1962), de Günther Anders

  1. Recuerdo al piloto, sus declaraciones también su arrepentimiento pero no sabía que estuvo internado en un clínica siquiatría. Es uno de los momentos históricos mas aberrantes en la historia de la humanidad. Fui a una exposición de fotos y documentales donde asistían a las víctimas en hospitales, imposible olvidar tanto horror 😢 Muy buena reseña Juan. Saludos.

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    • Gracias, Fabiola, Günther Anders dice en una de sus cartas que el objetivo de los médicos era crear en Eatherly “un estado anímico del que hubiesen desaparecido la experiencia y los recuerdos, como si fuese posible restablecer la salud mental de una persona aniquilando su memoria”. Como dices, es imposible olvidar tanto horror, al menos en circunstancias normales, y tratándose de las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki, nada es normal. Saludos 🙂

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      • Voy a tener en cuenta el libro porque en la Soka Gakkai Internacional cuya sede está en Japón siempre se realizan exposiciones en memoria de las víctimas de Hiroshima y Nagasaki . Parece de ciencia ficción lo hacer desaparecer experiencias y recuerdos. En Argentina el 24 de marzo es el día de la memoria, el #NuncaMas, memoria para los desaparecidos en la época de la dictadura. La historia entreteje enlaza y deviene memoria que va y viene en tiempos ficcionales en el caso de los que escriben pero no desaparecen los recuerdos y nuestras experiencias nos empujan a abrir el futuro para algunos ese futuro es el del camino literario.

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  2. Pingback: “Voces de Chernóbil” (1997), de Svetlana Alexiévich | Sorpresa y suspense

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