«La invitada» (2024), de Emma Cline

Portada de "La invitada", de Emma Cline

«Casi todo el mundo prefería el relato. Alex había aprendido a suministrarlo, a atraer a las personas con una visión de sí mismas reconocible, pero con diez grados más de intensidad, amplificada hasta convertirla en algo mejor. A aludir a sus propios deseos como si fuesen deseos compartidos».

La invitada
Emma Cline

Emma Cline presenta en La invitada a Alex, una escort de 22 años acostumbrada a moverse en los círculos elitistas de Nueva York. Pese a su juventud, Alex empieza a notar que su encanto ya no es el que era. Además, la gente que la conoce la quiere lo más lejos posible. Salvo su ex, que la asedia por teléfono para que le devuelva el dinero que le ha robado.

Alex, en medio de su delicada situación y justo cuando sus compañeros de piso la echan a la calle, ve el cielo abierto con la invitación de Simon para pasar agosto en su casa de la playa en los Hampton, una zona residencial muy exclusiva. Simon es el amante de Alex, un hombre rico y maduro. Alex ve en él su oportunidad de conseguir un bienestar duradero. Solo tiene que ser una buena chica como se espera de ella y no meter la pata como acostumbra.

La invitada está construida como una novela de suspense. Seguimos los pasos erráticos de Alex sin tener ni idea de qué es lo siguiente que va a ocurrir. Alex tiene un talento natural para meterse en líos. La tensión va en aumento a lo largo de toda la novela. La situación precaria en la que se encuentra Alex contrasta dramáticamente con el entorno idílico de sus andanzas. La zona de los Hampton, en Long Island, es donde veranea la élite neoyorquina. Alex conoce las reglas para desenvolverse en ese ambiente. Sabe cómo llevar la corriente a Simon y sus amigos, gente que está encantada de conocerse y para quienes Alex es como un elemento decorativo que les permite recordar su elevado estatus. Toleran su presencia, siempre que se mantenga en su sitio y no dé problemas.

«Tal vez Alex despedía un aire de crispación, de desesperación; la gente se daba cuenta cuando andabas necesitado, tenía un olfato animal para el fracaso».

Alex mete la pata rápido y se ve obligada a abandonar su refugio con Simon. Ella piensa que puede darle la vuelta a la situación en unos días, cuando Simon será el anfitrión de una gran fiesta. Mientras llega ese momento, Alex deambula por los alrededores y se las arregla para sobrevivir yendo de un lado para otro, arrimándose a quien se le ponga a tiro.

Pese a lo desesperado de su situación, ella se lo toma con calma. Su afición a los tranquilizantes y al alcohol la ayuda, igual que su visión desinhibida del sexo, lo que hace que conecte mejor con los hombres que con las mujeres. Esta falta de dramatismo en sus reacciones acrecienta la sensación de peligro durante la lectura. Llama mucho la atención la ausencia de explicaciones sobre por qué Alex actúa así. Emma Cline huye del cliché del trauma argumental que lo explica todo. Como la autora comenta al hablar de La invitada:

«Por el tipo de persona que es Alex y lo que hace para ganarse la vida, existe esta tendencia a querer averiguar por qué. Me parecía más interesante mantenerla como una página en blanco sobre la que la gente proyecta cosas, que es lo que hacen los otros personajes con ella».

En resumen, Emma Cline consigue, con su mirada crítica y un ritmo ágil, de gran tensión narrativa, implicarnos en la historia de su protagonista y su búsqueda de un lugar bajo un sol que calienta más para unos que para otros. Una novela tan inquietante como recomendable.

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