“Silencio” (1966), de Shusaku Endo: sobre la fe y la injusticia

«No se concibe que la fe haga de un hombre un cobarde».

Silencio
Shusaku Endo

Portada de "Silencio", de Shusaku Endo

Silencio, de Shusaku Endo, nos sitúa en el año 1638. La persecución a los pocos cristianos que aún quedan en Japón es implacable. La rebelión de Shimabara acaba de ser aplastada por el ejército del shogunato Tokugawa. Más de 37 000 cristianos han sido decapitados. Un año antes, Sebastián Rodrigo, un jesuita portugués, se entera de que su admirado profesor el padre Ferreira, que llevaba años ejerciendo su misión apostólica en la clandestinidad en Japón, ha apostatado. Decide marchar con dos compañeros en su busca. No entiende cómo Ferreira ha preferido la ignominia de la apostasía a la gloria del martirio. Está iniciando un camino que le va a llevar directo a enfrentar la verdad última que sustenta su fe.

«Ya han pasado treinta años desde que comenzó la persecución y, aunque esta tierra negra del Japón estalla de gemidos cristianos y corre la sangre roja de los misioneros y se van derrumbando las torres de las iglesias, Dios tiene delante a las víctimas de este horrible sacrificio inmoladas a él, y aún continúa en silencio».

Este silencio de Dios oprime el corazón de Rodrigo. Su llegada a Tomogi, una pequeña aldea de pescadores cerca de Nagasaki, trae la desgracia a sus humildes moradores. Su ayuda la pagarán con la vida, un sacrificio que, por momentos, se le antoja a Rodrigo carente de sentido:

«”Si, por un imposible, Dios no existiera…”. Era una fantasía aterradora. Si Dios no existiera, ¡qué ridículo resultaba todo! Si no existiera, ¡qué drama tan ridículo las vidas de Ichizô y Mokichi, atados a las estacas y bañados por las olas…! ¡Qué ridículo el espejismo que vinieron persiguiendo los misioneros: tres años largos cruzando mares para llegar a este país! Y ahora, ¡qué aventura tan ridícula la mía, vagando por estos montes sin un alma humana…!».

Sin embargo, Rodrigo se aferrará a la venerada imagen que guarda en su recuerdo del rostro de Cristo tal como lo pintó Piero della Francesca y a las enseñanzas del Evangelio para hacer frente al momento trascendente de su vida en el que, igual que le ocurrió al padre Ferreira, tendrá que elegir entre la apostasía o el sacrificio.

Reproducción del cuadro "La resurrección de Cristo" (1463-65), de Piero della Francesca
La resurrección de Cristo (1463-65)
Piero della Francesca

Shusaku Endo profundiza en el abismo moral y religioso del padre Rodrigo con innegable maestría y hace que quien no esté versado en estos problemas del hombre de fe pueda compartir la angustia de Rodrigo ante la decisión que se ve obligado a tomar. Conocemos muy bien a Rodrigo, primero a través de sus propias cartas, y luego con la detallada narración que da cuenta de sus tribulaciones.

Por otro lado, el empuje del padre Rodrigo para emprender esta expedición en la que ha de jugarse la vida en defensa de la fe que profesa se disuelve según pone el pie en tierras japonesas. No será él quien instigue una nueva rebelión de los cristianos contra sus poderosos enemigos del shogunato. Ni tiene un plan para ello ni otra arma más que sus oraciones. Aparte de esconderse y poner en riesgo a quienes le prestan ayuda, lo único que hace es lamentarse por su suerte y la de los demás sin hacer nada para intentar cambiarla. Esta pasividad vuelve muy previsible el desarrollo de los acontecimientos. Aunque el problema planteado sigue resultando de interés, su exposición pierde pujanza narrativa.

En definitiva, Silencio, de Shusaku Endo, es una novela que parte de la brutal persecución sufrida por los cristianos en Japón durante el shogunato Tokugawa para interrogarse sobre las cuestiones claves que pueden sacudir la fe de todo creyente.

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9 comentarios en ““Silencio” (1966), de Shusaku Endo: sobre la fe y la injusticia

  1. Me ha perecido interesante y que me puede gustar “Indigno de ser humano”. Intentaré localizarlo. Y a ver si me acuerdo de repasar tu blog. A vces voy a la biblioteca o a la librería y no sé muy bien que libro elegir. Gracias. Me gustan los blogs que hablan de libros. Un saludo.

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    • Graham Greene admiraba la obra de Endo, que también era católico. Se nota una preocupación genuina por el tema, lejos de retóricas huecas. Una novela muy interesante que, además, como dices, trata sobre un tema bastante desconocido por aquí. Saludos 🙂

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    • Lo que cuentas me recuerda un chiste sobre uno que quedaba atrapado en la torre de una iglesia durante una inundación. Rezaba para que Dios le enviase a su ángel de la guarda para rescatarle. Los que llegaban eran bomberos, policías, militares. Los rechazaba a todos a la espera de su ángel de la guarda y al final se ahogaba. Saludos 🙂

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