Vivir en soledad es muy duro cuando no es por elección. Recuerdo que un médico me decía que muchos de sus pacientes se acercaban a verle para poder hablar con alguien un rato porque se sentían muy solos. Eso, en muchos casos, era el principal problema de salud que tenían.
Somos seres sociales. Necesitamos relacionarnos con los demás, pero, en este mundo competitivo en el que, cuantos menos escrúpulos tienes, mejor te va, nos encontramos demasiadas veces rivales en vez de aliados. Eso nos pone a la defensiva y puede provocar que rehuyamos el trato con la gente, aislándonos, o que nos lancemos a cultivar relaciones superficiales, que tampoco son antídoto contra nuestra soledad.
La aparición de la IA introduce una nueva variante en este repliegue dentro de nuestro caparazón. Son muchos los que tienen una dependencia cada vez mayor de su interacción con la IA. Para ellos, la IA es mucho más que programación informática y algoritmos, es un acompañante de verdad que viene a rellenar un vacío importante en sus vidas.
¿Quién es ese acompañante? ¿Qué fines persigue la IA? ¿Son los mismos fines que persiguen sus creadores, que ya de por sí invitan a desconfiar, o la IA está alcanzando un grado de independencia que la vuelve tan impredecible como única en la historia de la invención humana?
El Juego ya ha comenzado.
Puedes leer los primeros capítulos de El juego de Afrodita en el siguiente enlace:











