«El mero hecho de que un campeón de la necedad como Califano hubiera sacado una oposición en la fiscalía era una prueba, como Gori Misticò sabía muy bien, de que lo que reina en el universo no es ni la belleza ni, mucho menos, el orden, sino la majadería. Si Dios ha creado el mundo, no lo ha creado por bondad, sino para echarse unas risas».La media luna de arena
Fausto Vitaliano
Fausto Vitaliano presenta en La media luna de arena un policiaco de marcado acento existencial. Su protagonista es Gori Misticò, un subteniente de los carabineros en excedencia que, tras veinte años de servicios, regresa a San Telesforo Jónico, el pequeño pueblo calabrés en el que creció. Misticò guarda un secreto que empaña su regreso: tiene un cáncer en estado muy avanzado. Solo su médico, antiguo compañero de juventud, conoce la gravedad de la situación. Cuando Federico Constantino, el sargento jefe de los carabineros, pide su ayuda para resolver un asesinato que ha turbado la tranquilidad de San Telesforo, Gori Misticò se muestra reticente. Él ya está a otra cosa. Suele ir por la playita del Pàparo, una media luna de arena, para perderse en sus recuerdos. Hasta que descubre que piensan destruir la playita para construir un puerto turístico y que eso puede tener relación con el asesinato del barón Vittorio Celata Lauria, el hombre más importante de la localidad.
Mientras la trama policiaca avanza, con la conexión del asesinato del barón con un segundo crimen, Gori Misticò ve cómo su enfermedad avanza también y eso hace que su carácter, hosco y destemplado, empeore. El sargento Constantino, más joven y que lo admira, es el primero que paga el mal humor de Misticò, aunque sus diálogos más desabridos los tiene con Nicola Strangio, su médico al que visita en su consulta de Milán. Misticò es mal paciente y la amistad de los dos da rienda suelta a que expresen su mutuo aprecio con toda suerte de comentarios hirientes y descalificaciones. Si Misticò se dedica a ir de un lado para otro para resolver un crimen, su enfermedad solo puede empeorar por la falta del reposo que necesita. Pero Misticò ya ha tomado su decisión:
«Decidió volver a la playita del Pàparo con la intención de defenderla, de protegerla, de impedir que la torpeza humana destruyera el lugar que había servido de espacio a los mejores recuerdos de su vida».
Fausto Vitaliano nos introduce en La media luna de arena en un escenario ficticio como es San Telesforo Jónico para mostrar la vida y las intrigas de uno de esos pueblos de Calabria que ha conocido mejores tiempos. Es un lugar con una población envejecida y que tiene más casas vacías que habitadas. La gente más joven suele llegar jugándose la vida en pateras. Allí todos se conocen. Gori Misticò y el sargento Constantino saben a quién tienen que preguntar, pero es Misticò el que lleva la delantera porque sabe qué preguntar y cómo manejar a unos y otros para salirse con la suya. Esto va a provocar que acabe incluso enfrentado con su compañero.
La media luna de arena es una novela policiaca, pero Fausto Vitaliano consigue que su personaje central crezca hasta el punto de que su drama personal, con la evolución de su enfermedad, atrape el interés del lector por encima incluso de la trama policial. Gori Misticò tiene una mirada lúcida que su enfermedad acentúa:
«—Hubo un tiempo en el que me creía mejor que el resto del mundo porque sabía lo que estaba bien y lo que no —dijo, como hablando para sí—. Ahora ya no me creo mejor. Y no pienso que tenga derecho a establecer lo que está bien y lo que no. Cada cual debe hacer las cosas lo mejor que pueda: eso es lo único que creo todavía».
Acertado o no, Gori Misticò toma sus decisiones y consigue hacerse un hueco en el corazón del lector a pesar de su carácter de mil demonios. Fausto Vitaliano escribe una obra madura que, disfrazada de policiaco, aborda con hondura la soledad y angustia de quien, como Misticò, enfrenta una grave enfermedad con la incertidumbre de si habrá un mañana para él.
Si queréis tener otra perspectiva sobre La media luna de arena, de Fausto Vitaliano, aquí podéis leer la excelente reseña de Daniel Terrasa en su blog Humilde Lector por la que descubrí esta joya.
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Me alegra saber que has disfrutado de esta novela tanto como yo. Para saborearla mejor, yo me la leí durante unos días que pasé en Bolonia. No es lo mismo que la árida y soleada Calabria, pero casi.
Gracias por la mención 😉
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Un marco inmejorable para leerla. Dan ganas de visitar la playita del Pàparo. Gran recomendación, a ver si se animan y publican algo más de este autor por aquí. Me quedo con ganas de leer más. Saludos 🙂
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