«[…] en un bosque del sur (creo que en Bariloche) los árboles que se caen no son retirados, sino que se dejan para que formen parte del paisaje.
Los árboles caídos también son el bosque.
La idea de la muerte siempre fue diferente en mi casa. No era lo opuesto a la vida, sino una parte de ella».Alejandra Kamiya
Alejandra Kamiya reúne doce cuentos en Los árboles caídos también son el bosque, que fue su primer libro publicado. Kamiya, argentina de nacimiento, tiene ascendencia japonesa por parte de padre. Esa influencia oriental atraviesa como una espina dorsal su obra, en la que se dice mucho con muy pocas palabras. Su estilo es conciso y penetrante. Los cuentos reunidos en este libro hablan de la amistad, la muerte, la ausencia, la soledad. Su aproximación a estos temas es fruto de una profunda observación y reflexión. Contrapone el silencio y la pausa al vértigo que devora la vida moderna con sus prisas. Es una lectura para disfrutar al ritmo en el que la brisa primaveral mueve las hojas de los árboles.
Aunque son cuentos independientes, Los árboles caídos también son el bosque es un libro que transmite una fuerte sensación de unidad. Es algo buscado por Alejandra Kamiya como ella misma explica al hablar de su concepción del libro:
Esto puede decirse también de Desayuno perfecto, el primer cuento de Los árboles caídos también son el bosque. Este cuento, como otros del libro, transcurre en Japón. Su protagonista es una japonesa que nos hace partícipes de los preparativos de lo que va a ser un desayuno perfecto. Puede discutirse si ese desayuno, al final, es perfecto. El cuento sí lo es.
Los restos del secreto es otro de los cuentos que más me ha gustado. Alejandra Kamiya se inspiró en el trabajo de la fotógrafa Alesandra Sanguinetti, que realizó la serie Las aventuras de Guille y Belinda. En esta serie fotográfica Sanguinetti retrata cinco años en la vida de dos amigas en su paso de la niñez a la adolescencia, y lo hace a través de sus sueños y fantasías. Alejandra Kamiya, impactada por la belleza de este trabajo, imagina una historia para ellas que acaba siendo toda una metáfora sobre la supervivencia de los vínculos frente a los estragos del tiempo. El retrato del entorno rural en el que estas amigas crecen resulta tan convincente como inolvidable.
Otro cuento que deja una huella duradera es Partir, en el que Alejandra Kamiya realiza una bella aproximación a la figura de su padre:
«[…] él partió no cuando salió de Japón sino cuando decidió quedarse en Argentina».
En este mismo cuento, Alejandra Kamiya habla de esa naturaleza doble que configura su identidad:
«Soy japonesa en Argentina y argentina en Japón, así, con las minúsculas para mí y las mayúsculas para el país».
El resto de cuentos de Los árboles caídos también son el bosque forman un conjunto final muy sólido, que hace de esta lectura una continua fuente de sorpresas y disfrute. En la escritura de Alejandra Kamiya se dan la mano los laberintos de Borges y las sombras que elogiaba Tanizaki.
Otras obras de Alejandra Kamiya:
El sol mueve la sombra de las cosas quietas (2019)
La paciencia del agua sobre cada piedra (2023)
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