«Escándalo» (1986), de Shusaku Endo

Portada de "Escándalo", de Shusaku Endo

«Nadie tiene un solo rostro o una sola expresión».

Escándalo
Shusaku Endo

Shusaku Endo escribió Escándalo en la parte final de su carrera. Este carácter crepuscular de su trabajo llevaría a pensar en una mirada indulgente hacia el mundo y la propia obra. Pero Shusaku Endo, que como católico en Japón era una rara avis, parece más que nunca en choque con su entorno y con sus propias creencias.

El protagonista de Escándalo es Suguro, un escritor católico de 65 años en el que es fácil reconocer la proyección del propio autor. Durante la entrega de un premio por su última novela, una mujer con signos de embriaguez se acerca a Suguro y afirma que se conocen de una fiesta en un lugar de mala fama. Él no recuerda nada. Según ella, él hizo “cosas muy atrevidas” durante su encuentro. Suguro está seguro de que la mujer le confunde con otro. Sin embargo, un periodista decide investigar con la ambición de conseguir un titular escandaloso que arruine la buena fama de Suguro.

«Suguro empezó a afirmar que tras cada acto pecaminoso se oculta un anhelo de renacimiento».

Suguro es un hombre casado, que ha procurado mantener a su mujer al margen de las turbulencias en las que ha desarrollado su obra literaria. Hasta ese momento, Suguro se ha sumergido, al escribir, en las partes más oscuras del alma humana. Su indagación intelectual sobre el pecado y la virtud parecía acotada al terreno de la ficción. Ahora el abismo parece haberse tragado a quien lo mira y cuestiona al personaje público que despierta la admiración de sus lectores. Suguro decide mirar de frente el enigma que se abre ante él. Este enigma lo amplifica un perturbador retrato suyo pintado por Itoi Motoko, la mujer que dice conocerle.

«Reflejaba el rostro de un hombre cuya fealdad no provenía de sus facciones, sino de su alma».

La señora Naruse, amiga de la pintora, será la guía de Suguro en su descenso a la brumosa región en la que el deseo desdibuja sus rasgos hasta volverlos irreconocibles para él mismo. Al hablarle sobre su retrato y el posicionamiento artístico de su inesperada retratista y sus compañeras de exposición, Naruse explica a Suguro:

«—Buscan la belleza en la fealdad. Una estética de la deformidad, sobre todo».

Esa estética ya fue ensalzada por Osamu Dazai en Indigno de ser humano:

«Qué superficialidad –y qué estupidez– hay en intentar describir de una manera bella cosas que uno ha pensado bellas. Los maestros, a través de sus percepciones subjetivas, crearon belleza a partir de trivialidades. No escondieron su interés incluso en las cosas que eran nauseabundamente feas, sino que se empaparon ellos mismos en el placer de describirlas».

Sin embargo, Shusaku Endo queda lejos de Dazai en su intento de profundizar en esa «estética de la deformidad». Su esfuerzo por entender las motivaciones de la pintora, una declarada masoquista, o de su amiga, que tiene inclinaciones sádicas, apenas logra insuflar un mínimo de verosimilitud a estos personajes, que quedan reducidos a su papel instrumental en la trama. El propio Suguro no corre mejor suerte. Es un escritor católico, pero se siente molesto cuando un lector le dice que se ha convertido al catolicismo gracias a sus libros (este es el mayor misterio que encontramos en Escándalo probablemente). Su iconografía es la del psicoanálisis antes que la de la religión que dice profesar. Para ser un estudioso del alma humana, lo ignora todo sobre el abismo en el que parece habitar.

Pese a estas limitaciones, Escándalo, de Shusaku Endo, es una novela interesante. Lo que más me ha gustado son las reflexiones del autor sobre su obra, la sobriedad con la que toca temas espinosos y su intento por arrojar algo de luz sobre la naturaleza del mal. Aunque lejos de la maestría de Silencio, Shusaku Endo vuelve a demostrar su valentía para abordar cuestiones incómodas, incluida la valía de su propio legado literario:

«—Quiero hacer temblar los cimientos de la literatura que he estado construyendo a lo largo de los años, para descubrir si todo el edificio puede venirse abajo o no».

Al cabo de los años puede decirse que ese edificio literario sigue gozando de una excelente salud.

Os puede interesar también:

8 comentarios en “«Escándalo» (1986), de Shusaku Endo

  1. Hola Juan, esta entrada interesante, como siempre, me ha llevado a las otras que sugieres. La de «Silencio», del mismo autor, y la de Stevenson, me han atrapado la atención. De «Indigno de ser humano» no digo nada porque ya me la leí en su momento a raíz de tu reseña 😀. De todas formas, le voy a dar una vuelta primero a la de «La vegetariana», que me he quedado con la intriga después de comenzarla. Gracias por todas estas propuestas de lectura🙂 ¡Saludos!

    Le gusta a 2 personas

      • Hola Juan, hoy me estaba acordando del libro del que hablé una vez en una entrada hace tiempo y del que di una impresión de que no merecía leerse. Se trata de «La mujer de la arena» de Kōbō Abe. Veo que te gusta la literatura japonesa con ese punto de vista que pone en jaque nuestra percepción occidental de la ficción (o la realidad). Te menciono de nuevo este libro porque quizá te merezca la pena echarle un vistazo. Para nada pienso de él que no es bueno. En realidad es bastante bueno; con su punto de angustia claustrofóbica. Tiene también su correspondiente versión en el cine (1964), que yo no he visto. Bueno, solo era eso. Saludos:)

        Le gusta a 1 persona

  2. Me he ido a la entrada de “Silencio”, al que comparas en un comentario con “El corazón de las tinieblas” de Conrad, no necesito leer más, ya que me encanta esa obra, y añado tanto “Silencio” como “Escándalo” a mi lista de lectura. Me gusta el interés que prestas a la literatura japonesa que, hable de lo que hable, siempre tiene una perspectiva diferente para el lector occidental, al igual que sucede en el cine, y a mí me resulta por ello muy estimulante y un reto como lectora. Muchísimas gracias por estas reseñas, Juan, un gusto leerlas. Saludos 😊

    Le gusta a 2 personas

Replica a Eva Cancelar la respuesta