“Magallanes. El hombre y su gesta” (1937), de Stefan Zweig

«En el curso de la Historia es siempre un momento admirable aquel en que el genio de un hombre se combina con el genio del tiempo, cuando un individuo clarividente asume el anhelo creador de su época».

Magallanes. El hombre y su gesta.
Stefan Zweig

Stefan Zweig hizo una travesía por el Atlántico en su viaje a América del Sur durante su exilio por la llegada de los nazis al poder. Maravillado por la audacia de los primeros navegantes, decidió escribir sobre quien, para él, realizó la mayor gesta de todos: Fernando de Magallanes, que fue quien descubrió el paso que unía el Atlántico con el Pacífico, océano al que Magallanes bautizó así por sus tranquilas aguas. La expedición de Magallanes en busca de una nueva ruta comercial con las Indias la completaría Juan Sebastián Elcano, que sería el primero en dar la vuelta completa a la Tierra. De los doscientos sesenta y cinco hombres que iniciaron la aventura, solo regresaron dieciocho. Lo hicieron a bordo de la nao Victoria, también la única que regresó de las cinco con las que partieron.

«En el principio eran las especias».

Magallanes zarpó en 1519 con el objetivo de encontrar una ruta alternativa de navegación hacia las Islas Molucas, que entonces eran conocidas como las islas de las Especias. En esa época la pimienta tenía un valor equivalente al oro e incluso se utilizaba como moneda. Desde esas islas se exportaban al resto del mundo la pimienta y el resto de especias. Asegurar la ruta comercial con las Molucas era una prioridad para gobernantes y comerciantes. Y en el mar, ese dominio era de los portugueses desde que Vasco da Gama, en 1497, dobló el cabo de Buena Esperanza y llegó a la India bordeando África.

Mapa de la ruta de Vasco de Gama hacia la India
La ruta portuguesa de Vasco da Gama hacia la India

Magallanes era un experto marinero portugués, que buscó en Sevilla lo que le negaban en su tierra: reconocimiento y apoyo para sus ambiciosos planes. Le tacharon de traidor en Portugal y, por su parte, en España le miraban con desconfianza. Sin embargo, logró el apoyo de Carlos I para su expedición. Era la gran época de los descubrimientos, que estaba llenando las arcas de reyes y cortesanos. Stefan Zweig recuerda el pago que tuvieron la mayoría de los conquistadores que servían a tan nobles señores:

«Las épocas heroicas no son ni fueron nunca sentimentales, y muy pobre correspondencia obtuvieron de sus reyes aquellos esforzados conquistadores que ganaron mundos para España o para Portugal. Colón vuelve a Sevilla encadenado; Cortés cae en desgracia; Pizarro es asesinado; Núñez de Balboa, el descubridor del Mar del Sur, muere decapitado; Camoens, paladín y poeta de Portugal, calumniado por miserables funcionarios provinciales, pasa meses y años, como su gran colega Cervantes, en una prisión no mucho mejor que un estercolero. ¡Enorme ingratitud de la jornada de descubrimientos!».

Magallanes conocía un mapa elaborado por el navegante y geógrafo alemán Martin Behaim (creador del primer globo terráqueo que se conserva) en el que aparecía el paso del Atlántico a las Indias que él buscaba. Su fe en ese mapa fue decisiva para lograr el apoyo del rey. Lo que no sabía Magallanes era que ese mapa estaba errado. Ese supuesto paso, situado en el grado cuarenta de latitud aproximadamente, era, en realidad, la desembocadura del río de la Plata. Unos marineros habían llegado a su umbral y creyeron que unía los dos mares. Una tormenta los había hecho retroceder sin poder confirmarlo. Como escribe Stefan Zweig magistralmente:

«Sólo porque creía conocer un secreto le fue posible a Magallanes descifrar el secreto geográfico más grande de su época. Sólo porque se entregó con toda el alma a una ilusión transitoria descubrió una verdad permanente».

Retrato de Fernando de Magallanes
Retrato de Fernando de Magallanes (Anónimo)

Porque Magallanes no cedió al desaliento. En San Julián, varios mandos españoles se amotinaron, convencidos del fracaso de la expedición. Entre los amotinados estaba Juan Sebastián Elcano. Desde el principio, la relación de Magallanes con ellos había sido muy tirante. Magalllanes era muy distante y hermético, y les había ocultado su plan de navegación. El frío y el hambre hicieron el resto. Magallanes logró sofocar la rebelión. El castigo para los instigadores del motín fue ejemplar: las cabezas de Luis de Mendoza y Gaspar de Quesada rodaron literalmente. Juan de Cartagena, que era grande de España, y el clérigo Pedro Sánchez de la Reina, fueron abandonados a su suerte en un islote. Magallanes perdonó a los cuarenta amotinados restantes, entre ellos Elcano, porque los necesitaba para la expedición.

Magallanes continuó su ruta bordeando el continente, cada vez más diezmada su tripulación por la hambruna y ya perdidas dos naves. La primera, la nao Santiago, se estrelló contra unos arrecifes. Por su parte, la nao San Antonio estaba de regreso a España con el amotinado Esteban Gómez a la cabeza. Finalmente, el 28 de noviembre de 1520, Magallanes y sus hombres encontraron el tan anhelado paso del Atlántico al Pacífico.

Stefan Zweig se guía en Magallanes. El hombre y su gesta por la narración de Antonio Pigafetta, confidente y biógrafo de Magallanes al que debemos la crónica detallada de este viaje de leyenda. Pigafetta hace la primera descripción conocida por parte de un europeo de los tehuelches, los habitantes originarios de aquellas tierras:

«Tal era la talla de aquel hombre, que sólo llegábamos a la altura de su cinturón. Tenía esbeltez, colorado el ancho rostro, y pintados alrededor de los ojos unos anillos verdes y una mancha en forma de corazón sobre cada mejilla. Su pelo era corto y blanco. Le cubrían unas pieles de animales cosidas entre sí.» Sorprende particularmente a los españoles el tamaño gigante de los pies de aquel fenómeno, y por esta seña bautizan a los indígenas de pies grandes (patago) y llaman a su tierra «Patagonia».

Pigafetta, en su crónica, otorgó a Magallanes el mérito que merecía. Magallanes no pudo completar su tarea. Murió en la batalla de Mactán, a manos del jefe Lapulapu. Mactán forma parte del archipiélago de las Islas Filipinas, que incorporó España a su imperio gracias al propio Magallanes.

Mapa de la primera circunnavegación mundial
La narración de Stefan Zweig sobre Magallanes se extiende más allá de su muerte para dar cuenta del logro de Juan Sebastián Elcano, el gran navegante originario de Guetaria. Elcano siguió navegando hacia el oeste atravesando el océano Índico sin hacer escala. Cruzó el cabo de Buena Esperanza y bordeó África, evitando a los barcos portugueses. En Sevilla, los desertores de la expedición que un año antes habían abandonado a Magallanes, les daban a todos por muertos. Cabe imaginar su sorpresa y horror cuando Elcano y los otros supervivientes, tras completar la vuelta al mundo, arribaron con la nao Victoria en Sevilla el 6 de septiembre de 1522, «momento en el que fue coronado el hecho más grande de la navegación».
Retrato de Juan Sebastián Elcano
Retrato de Juan Sebastián Elcano (Anónimo)

Gracias a esta vuelta al globo, Elcano y sus hombres son los primeros en confirmar empíricamente «lo que Heráclito de Ponto había dado como hipótesis cuatrocientos años antes de Jesucristo: que la esfera del mundo no permanece fija en medio del universo, sino que se mueve con ritmo singular sobre su propio eje, y que quien la sigue en su giro navegando hacia Occidente puede arrebatar tiempo a la eternidad». Lo que para ellos era miércoles para el resto era jueves.

Completa Stefan Zweig su narración sobre la proeza de Magallanes y su tripulación con un apunte final que lleva a reflexionar sobre la verdadera dimensión de toda obra humana destinada a perdurar:

«Unos pocos balleneros que van y vienen son los únicos barcos que frecuentan el estrecho de Magallanes, el que este había soñado como la gran vía comercial de Europa a Oriente. Y cuando un día de otoño del año 1913 el presidente Wilson aprieta en Washington el botón eléctrico que abre las compuertas del canal de Panamá, y con ello une para siempre ambos océanos, el Atlántico y el Pacífico, queda el estrecho de Magallanes reducido a la inutilidad absoluta».

En resumen, Stefan Zweig en Magallanes. El hombre y su gesta nos lleva a navegar con su prosa vibrante junto al gran marino portugués y sus hombres en un viaje hacia lo desconocido que culminará en una hazaña de navegación sin precedentes. Su retrato de Magallanes, hombre de carácter difícil y perseverancia máxima, y del resto de protagonistas de esta gran aventura nos acerca el espíritu de la época de los grandes descubrimientos. Hoy, conquistados los océanos, ese espíritu sigue vivo cuando miramos hacia las estrellas.

Nota: Podéis ver una excelente recreación del viaje de Magallanes y Elcano en la web de RutaElcano.

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13 comentarios en ““Magallanes. El hombre y su gesta” (1937), de Stefan Zweig

  1. Confieso que nunca he leído una biografía de Stefan Zweig (si ya, se soy una deshonra como lectora) pero no descarto hacerlo en un futuro.

    No había entrado en cuenta de que muchos de esos famosos viajeros terminaron en desgracia, es una pena que ninguno fuera apreciado en su tiempo.

    Veo que te encantó el libro, lo viviste un montón a lo mejor hasta te inspira para volverte aventurero XD ¡Saludos!

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    • Hola, Noctua

      Leí este libro mientras viajaba hacia Ushuaia, más allá del estrecho de Magallanes, así que no vas descaminada con lo de aventurero, aunque lo mío fue en clase turista 😆

      Stefan Zweig ha escrito grandes biografías. Las de Castellio y Fouche son extraordinarias. La de Magallanes es una excelente crónica de esa época, además de una gran novela de aventuras.

      Saludos 🙂

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      • Hola, me alegra saber que fue una lectura mientras recorrías Ushuaia. Tiene otro cariz la lectura, como dice Noctua se nota que la lectura te gustó mucho y la disfrutaste.
        Yo no soy tan amable, así que aunque Pizarro hizo sus aportes me alegra que el karma lo haya alcanzado y fuera asesinado muajaja.
        Zweig escribe muy bien y me parece genial que no romantice ni cubra de una nube rosada las peripecias que vivió esta gente y lo difícil que es navegar con un capitán de mal carácter y pocas palabras. Que se le amotinara la población es comprensible, podría haber sido peor: lo podrían haber tirado por la borda y fingido que fue un accidente.
        Saludos, muy buena reseña 🙂

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  2. Suena apasionante. La verdad es que es difícil imaginar lo que debía ser navegar por mares desconocidos y peligrosos en aquellos barcos rudimentarios. Esa gente era de otra pasta, sin duda.
    La historia es fascinante, pero tiene que ser aún mejor cuando la cuenta Stefan Zweig. Me han entrado muchas ganas de leer este libro después de tu reseña. Gracias.
    Un saludo,
    Daniel

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    • Es una verdadera proeza la de aquellos marinos. Stefan Zweig hace una descripción detallada de los medios precarios con los que contaban. Es la llamada de la aventura en su máxima expresión. Y como dices, esta historia fascinante contada por Stefan Zweig es aún mejor. Saludos 🙂

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  3. Una reseña muy completa.
    Un libro extraordinario, no solo por la biografía de un gran explorador y navegante, sino por la forma tan expresiva y humanista de Zweig. Parece en parte un libro de ficción. Yo le dediqué una entrada también, porque me encantó.

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