«Pleamares de la vida» (1948), de Agatha Christie

Portada de "Pleamares de la vida", de Agatha Christie

«Lo cierto es que nadie se supone, por inminente que sea un peligro, que sea él precisamente quien haya de morir. ¡Cree siempre que la bomba ha de herir por fuerza a los demás!».

Pleamares de la vida
Agatha Christie

Agatha Christie publicó Pleamares de la vida en 1948. El clima posbélico da un sello distintivo a esta nueva aventura de su detective más famoso, el bigotudo Hércules Poirot. Gordon Cloade es un millonario que muere en un bombardeo aéreo al final de la guerra. Su boda con la joven Rosaleen poco antes convierte a esta en la heredera de su cuantiosa fortuna. Los familiares de Gordon Cloade, por los que él siempre había velado, ven a Rosaleen como una intrusa que les ha robado lo que siempre han considerado suyo. Hay rumores de que el primer marido de Rosaleen podría no estar muerto como afirma ella, y de que su hermano quizás no es su hermano y está unido a ella por otra clase de vínculo.

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“El último adiós” (The Lake House) (2015), de Kate Morton

Portada de "El último adiós", de Kate Morton

«El mundo tenía su propia forma de mantener la balanza en equilibrio. Los culpables podrían escapar a la acción de los tribunales, pero nunca escapaban a la justicia».

El último adiós
Kate Morton

El hijo menor de la familia Edevane desaparece de su casa junto al lago una noche de 1933. Sadie, una detective apartada temporalmente de su puesto, reabrirá el caso setenta años después tras descubrir la casa abandonada durante uno de sus paseos por Cornwall, la idílica localidad inglesa que es el centro de este drama.

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Las diez reglas de Ronald A. Knox y la Edad de Oro de la Novela de Detectives

Ronald A. Knox, un erudito cura católico, formaba parte del Detection Club, fundado en 1928 por Anthony Berkeley. Gilbert K. Chesterton sería el primer presidente del Detection Club, que contaría entre sus miembros con Agatha Christie, Dorothy L. Sayers y varias de las mejores plumas detectivescas de la época. El juramento del club deja claro el espíritu de juego sujeto a unas reglas que animaba a estos creadores de misterios, cuyas novelas solían presentar la estructura de un whudunit («¿Quién lo ha hecho?»):

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