«Sé que cuando me muera alguien va a vender mi carne en el mercado clandestino, alguno de esos parientes lejanos y horribles que tengo. Por eso fumo y tomo, para que el sabor de mi carne sea amargo y nadie disfrute con mi muerte».Cadáver exquisito
Agustina Bazterrica
Agustina Bazterrica presenta una distopía caníbal en Cadáver exquisito. Un extraño virus ha vuelto incomestible la carne animal y los gobiernos, aliados con la industria cárnica, deciden que una parte de sus votantes pase a ser comestible. Marcos Tejo es el protagonista de esta oda al vegetarianismo en la que, al primer descuido, cualquiera puede acabar servido en un plato con una guarnición de ensalada y patatas fritas. Marcos es el encargado del Frigorífico Krieg. El mismo trabajo que hacía con reses lo hace ahora con humanos. Desde que ha muerto su hijo, se cuestiona cada vez más lo que hacen él y los demás. Cuando un proveedor le regala una mujer viva del mejor lote de «carne especial», que es como llaman a la carne humana estos caníbales, Marcos siente un inicial rechazo, pero pronto empieza a experimentar un placer prohibido en compañía de esta mujer.
La narración de Cadáver exquisito se mueve en dos ejes. Por un lado, el frigorífico y todo lo relacionado con el proceso industrializado en el que se trata a seres humanos como ganado sacrificable. Por otro lado, la dura realidad personal de Marcos Tejo. Su mujer se ha marchado de su lado después de perder a su hijo. Su padre está en un asilo, con la cabeza ida. Tiene una hermana que ni se interesa por su padre ni por otra cosa que no sea aparentar y tener su despensa bien llena, con las oscuras implicaciones que tiene eso en este caso.
Estas dos líneas narrativas se alimentan mutuamente. Ante la cruda descripción de ciertos pasajes no apta para estómagos sensibles, la aproximación al mundo familiar de Marcos da un respiro necesario. Pero, al mismo tiempo, el influjo de ese entorno de pesadilla se deja sentir en las relaciones de Marcos y los suyos, condicionándolas.
Agustina Bazterrica se hizo vegetariana por las fechas en las que escribió Cadáver exquisito. Transmite muy bien el horror del proceso de industrialización de la carne. Parece casi un salto natural que quienes han ideado ese sofisticado mecanismo de tortura animal pasen a aplicarlo a sus semejantes. Dentro del proceso de despersonalización de las víctimas para reducirlas a un producto comestible es clave el uso torcido del lenguaje, que disfraza con eufemismos las aberrantes prácticas de esta sociedad caníbal.
«Pero no los llaman dedos. Les dicen fresh fingers, como si las palabras en inglés pudiesen resignificar el hecho de que se están comiendo los dedos de varios humanos que hace unas horas respiraban».
Agustina Bazterrica describe este mundo caníbal de Cadáver exquisito con una prosa ajustada y precisa. La dureza de ciertos momentos se siente como denuncia antes que como recreación morbosa. Aunque a más de uno se le pueda atragantar esta lectura, es un plato que llenará el paladar de los lectores que gusten de las historias que exploran territorios incómodos y que pueden resultar tan impactantes como reveladoras.
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